Brujería y rituales en la escuela: amarres, nahuales y un “zombi” en el camino 🕯️🏫

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En las escuelas se habla de tareas, exámenes y disciplina… pero hay algo de lo que pocos se atreven a hablar: la brujería.
Entre maestros, alumnos y familias existen relatos de amarres, maldiciones, nahuales y apariciones que desafían la razón.

Lo que leerás aquí son historias contadas en voz baja, de esas que se comparten entre el café de la mañana y el “profe… ¿le puedo contar algo?”.
Bienvenido a Chisme Pedagógico – edición terror.


1) El “zombi” del camino: República Dominicana 🧟‍♂️🌄

“Profe, yo le quiero contar algo que me pasó cuando era muchacho en República Dominicana… en un campo por la frontera, de esos lugares donde para llegar a la escuela hay que caminar largo. Esto pasó hace muchos años… pero todavía, cada vez que lo recuerdo, se me pone la piel de gallina.”

El camino al amanecer

Era costumbre salir de madrugada. La escuelita quedaba lejos, por un camino de tierra con matorrales a los lados.
Él iba con su hermanita: ella tenía 12 años; él apenas 6.

El aire olía a tierra mojada. Había llovido en la noche. Los gallos cantaban en casitas de madera y el cielo todavía estaba a medias: ni oscuro, ni claro.

—“Apura, que si llegamos tarde nos ponen a barrer el curso”, le dijo ella.
Y aceleraron el paso con los zapatos llenos de lodo.

La sensación extraña

En un tramo había un platanal abandonado. La gente decía que ahí hacían brujería: muñecos, cosas raras, rituales…
Ellos nunca vieron nada, hasta ese día.

De pronto, el canto de los gallos se calló. El monte quedó en silencio.
Y llegó ese frío por la espalda que no avisa, pero se siente como advertencia.

—“¿Tú oíste eso?”, susurró la hermana apretándole la mano.

Un quejido largo, ronco… saliendo del monte.
No era animal. No sonaba a nada conocido.

La aparición

Cuando pasaron frente al platanal, lo vieron:

Una figura alta, flaca, con ropa rota y llena de tierra. Caminaba lento, arrastrando los pies.
La piel se le veía gris, como ceniza.
Y los ojos… blancos, sin pupila.

La hermana se quedó tiesa. El niño empezó a llorar bajito y ella le tapó la boca.

Entonces la cosa gruñó… y caminó hacia ellos, tambaleándose.
Cada paso sonaba como huesos tronando.

La persecución

La hermana lo jaló y corrieron. Atrás se oían pasos pesados y el quejido:

—“Uuuuhhh…”

Tropezaron con piedras, casi cayeron. Hasta que vieron la casa de doña Mercedes, una viejita cerca de la escuela.
Ella estaba barriendo el patio… y cuando los vio llorando, los metió sin preguntar.

El “zombi” se quedó parado en el camino, mirando la casa. No entró.
Solo respiró fuerte… como si supiera que ya estaban a salvo.

Después de un rato, se volteó y se perdió entre los plátanos.

Epílogo

Doña Mercedes les dio agua y los hizo persignarse.

—“Eso era un zombi levantao con brujería… dicen que los bokor haitianos los usan pa’ asustar o pa’ trabajarles a la gente.”

Ese día no volvieron a pasar por el platanal.
Y desde entonces, la escuela les pareció el lugar más seguro del mundo… aunque cada que escuchaban un quejido por la tarde, se miraban y se ponían pálidos.

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2) El amarre de una madre de familia: terror en primaria pública 🧿📌

“No diré mi nombre ni la escuela… todavía me da miedo recordar lo que viví. Soy maestro en una primaria pública de México y lo que me pasó casi acaba conmigo.”

La madre insistente

Al inicio todo era normal. Nuevo ciclo, nuevo grupo, energía a tope.
Pero pronto notó que una madre de familia buscaba cualquier excusa para hablar con él:

Primero tareas. Luego “cómo apoyar al niño”. Después quedarse unos minutos más para no “molestar” a la directora.

Hasta que un día, lo miró fijo y le soltó en voz bajita:

—“Maestro… usted no debería estar solo… yo podría acompañarlo.”

Él se rió nervioso. Quiso tomarlo como comentario raro… pero algo en el ambiente ya no se sentía igual.

Las primeras señales

Esa semana empezaron los sueños: ella aparecía llamándolo por su nombre, mirándolo como si lo quisiera atrapar.
Se despertaba sudando, con presión en el pecho, como si alguien se sentara encima.

En el día: cansancio, distracción, poca energía.
Y lo más inquietante: una atracción involuntaria, como si su voluntad se estuviera quebrando.

No quería… pero “algo” empujaba.

El amarre

Un viernes, al guardar sus cosas, encontró un envoltorio escondido detrás del escritorio.
Al abrirlo le temblaron las manos: cabellos, listón rojo y una foto suya recortada de la credencial escolar.

Ese mismo día ella se acercó sonriendo:

—“Ahora sí, maestro… ya no podrá olvidarse de mí.”

Ahí lo entendió: le habían hecho un amarre.

Los efectos

Todo empeoró:

  • Cansancio como si cargara un peso encima

  • Insomnio y dolor de cabeza

  • En clase, voz apagada y mente dispersa

  • Y una obsesión que no lo dejaba en paz

La ayuda inesperada

La directora lo notó distinto.

—“Maestro, usted no es el mismo. ¿Qué le pasa?”

Él soltó todo. Ella escuchó y dijo algo que lo heló:

—“Ya me habían advertido de esa señora. No es la primera vez… pero conozco a alguien que puede ayudarlo. Una bruja buena.”

Ritual de liberación

Esa noche lo llevó con una curandera. La mujer lo miró y sentenció:

—“Lo amarraron con obsesión… pero todo amarre se rompe si la voluntad se defiende.”

Velas negras y blancas, copal, hierbas. Humo recorriendo el cuerpo.
Rompió el envoltorio y rezó en voz baja.

Él sintió un calor de pies a cabeza, como si le arrancaran un peso del pecho.
Por primera vez en semanas… pudo respirar profundo.

Desenlace

Al día siguiente despertó distinto: volvió el ánimo, volvió la risa con sus alumnos.
La madre lo evitaba. La directora no lo dejó solo y puso límites firmes.

Y él entendió algo:

El verdadero terror no siempre está en pasillos oscuros.
A veces llega disfrazado de cariño… pero cargado de obsesión y sombra.

3) El nahual de la escuela en la sierra: primera plaza, primer miedo 🐾🌫️

“Profe, casi no hablo de esto… todavía me tiemblan las manos. Fue en el sur de México, en la sierra, cuando llegué a mi primera plaza después del examen.”

La ilusión del inicio

La comunidad la recibió con tortillas recién hechas y café de olla.

—“Maestra, aquí la vamos a cuidar.”

Escuela humilde: madera, techo de lámina.
Pero la calidez de la gente la hacía sentir en casa.

La advertencia velada

Un señor mayor se le acercó con una sonrisa rara:

—“Maestra, usted me gustó mucho, qué bueno que llegó.”

Ella lo ignoró. Pensó: “comentario incómodo y ya”.

Dormía en un cuartito con otra maestra… hasta que llegó la supervisión y reasignaron a la compañera.
De un día para otro, se quedó sola.

Las noches inquietas

Empezaron ruidos: ramas quebrándose, pasos alrededor de la escuela, perros aullando como locos.

Su abuela decía: “Cuando los perros lloran así… algo que no es humano anda rondando”.

Luego llegaron los gruñidos, respiraciones fuertes y golpes en las paredes.

Amanecía sin descanso, con el estómago hecho nudo.

La aparición

Una madrugada escuchó que rascaban la puerta, como con garras.
Se acercó temblando y miró por la rendija:

Una sombra enorme. Cuerpo de animal, postura extraña.
Olor fuerte: carne podrida, sudor rancio.

Y entonces lo escuchó murmurar, con voz humana, ronca:

—“Maestra… yo le dije que usted me gustaba.”

El ataque y la ayuda

El ser golpeó la puerta. Ella corrió a esconderse entre pupitres, rezando bajito.

De pronto: un disparo. Voces de hombres.
Vecinos con machetes y lámparas.

El ser lanzó un gruñido horrible y corrió hacia el monte… mitad animal, mitad hombre.

Los hombres le dijeron lo que nadie quería decir en voz alta:

Ese señor… era un nahual.
Y llevaba tiempo rondando a mujeres solas.

Epílogo

Al amanecer, mujeres del pueblo llegaron con flores, velas y rezos para bendecir la escuela.

—“No tenga miedo, maestra. Aquí la vamos a cuidar… pero nunca olvide lo que vio. En estas tierras, no todo lo que camina es humano.”


Cierre: cuando alguien recurre a la brujería… abre puertas 🕯️🚪

Dicen que cuando alguien recurre a la brujería, no solo ata a una persona… también abre puertas que luego nadie sabe cómo cerrar.

Estos tres relatos son prueba de ello.
Así que la próxima vez que escuches un susurro en los pasillos, tengas un sueño raro o notes una mirada demasiado intensa… recuerda:

No siempre es imaginación.
A veces, el embrujo ya está hecho.