Nadie nos enseñó a ser maestros cansados (y aun así aquí seguimos)
Si eres docente, seguro ya sabes de qué hablo…
Esto no sale en la planeación, no viene en los programas y nadie lo menciona en la Normal, pero pasa.
Dime si no te ha pasado que llegas al salón con el café ya frío, la voz medio gastada y esa sensación rara de estar cansado antes de empezar la clase.
No es flojera.
No es falta de vocación.
Es cansancio. Del real.
El chisme contado (sin juzgar)
El chisme se repite en muchas escuelas, con distintos nombres y acentos.
Maestras y maestros que dicen:
—“Estoy agotado, pero pues así es esto, ¿no?”
—“Ya después descanso… cuando se pueda.”
—“Todos estamos igual.”
Y entonces seguimos. Planeamos de noche, evaluamos el fin de semana, respondemos mensajes “para ayer”, aguantamos reuniones eternas y todavía escuchamos el clásico: “Es por el bien de los niños”.
Sí, claro… pero el cuerpo no entiende de discursos motivacionales.
Entre risas nerviosas, memes de café y frases como “ya siéntese profe”, se va colando algo peligroso: normalizar el cansancio.
Análisis pedagógico y emocional
Aquí entra lo que casi nadie quiere decir en voz alta:
El burnout docente no empieza con un colapso, empieza con la costumbre de aguantar.
- Aguantar el cansancio físico.
- Aguantar el desgaste emocional.
- Aguantar la carga mental docente.
- Aguantar la idea de que sentirse exhausto es parte del “ser buen maestro”.
Socialmente, la docencia en Latinoamérica se ha construido desde el sacrificio: el maestro que todo lo da, que no se queja, que siempre puede más.
El problema es que el cuerpo y la mente sí pasan factura, aunque la vocación sea enorme.
Y no, no estás exagerando.
Sentirte cansado no te hace menos profesional. Te hace humano.
¿Qué podemos aprender de este chisme?
Sin recetas mágicas ni frases de póster motivacional, algunas ideas aterrizadas a la vida real:
Nombrar el cansancio: decir “estoy agotado” ya es un acto de resistencia pedagógica.
Dejar de competir por quién aguanta más: esto no es olimpiada del sufrimiento docente.
Poner micro-límites: no salvar todo, no responder todo, no cargar con todo.
Entender que descansar también es parte del trabajo (aunque nadie lo ponga en el horario).
- Revisa mi publicación: 6 tips para prevenir el burnout docente.
No soluciona el sistema, pero sí cuida un poco al que está dentro.
⬇️Suscríbete al canal ⬇️
Preguntas para ti 👀
¿En qué momento te diste cuenta de que estabas más cansado de lo normal?
¿Qué tanto has normalizado el agotamiento en tu día a día escolar?
¿Qué pequeñas cosas haces (o podrías hacer) para no romperte del todo?
- ¿Conoces las señales tempranas para detectar el burnout docente?
Cierre acompañado 🤍
Este chisme no es para dar lástima ni para romantizar el desgaste.
Es para decirnos, bajito pero claro: no estamos solos y no estamos mal por sentirnos así.
Nadie nos enseñó a ser maestros cansados…
pero aquí estamos, aprendiendo entre colegas, con café, humor y mucha humanidad.
Y si hoy solo te alcanzó para sobrevivir la jornada, también cuenta.

