Cuando toca sacar magia: la clase improvisada que nadie planeó
Si eres docente, seguro ya sabes de qué hablo.
Ese momento en el que entras al salón con tu planeación muy digna…
y a los cinco minutos te das cuenta de que no va a pasar.
Esto no sale en la planeación.
No lo explican en la Normal.
Pero pasa. Mucho.
La hoja decía una cosa,
el grupo otra,
y la realidad… pues la realidad siempre tiene otros planes.
El chisme contado (sin juzgar) 👀
Suena el timbre.
El grupo entra acelerado.
Alguien olvidó el cuaderno.
Otro no trajo el material “para ayer”.
Uno más pregunta si hoy sí hay recreo largo.
Tú miras el reloj.
Miras al grupo.
Miras tu planeación.
Y en ese microsegundo tomas una decisión silenciosa:
hoy no va a ser como decía el papel.
No es abandono.
No es flojera.
Es supervivencia pedagógica.
Así que ajustas sobre la marcha:
una pregunta lanzada al aire,
una actividad que recuerdas de memoria,
una conversación que no estaba planeada pero era necesaria.
Y ahí estás…
improvisando, mientras finges que todo estaba fríamente calculado.
Análisis pedagógico y emocional 🧠
La clase improvisada no es un error docente.
Es una respuesta creativa a un contexto vivo.
La escuela no es un laboratorio controlado.
Es un espacio social lleno de emociones, ritmos distintos y días raros.
Desde la psicología educativa, improvisar aparece cuando:
el grupo no está disponible emocionalmente,
el ritmo colectivo está alterado,
o el docente detecta que seguir “como si nada” va a romper más de lo que construye.
Desde lo cultural, en Latinoamérica la docencia se aprende haciendo, ajustando, resolviendo.
Por eso la creatividad no es un lujo:
es una herramienta cotidiana.
Y emocionalmente, seamos claros:
improvisar también cansa.
Porque exige presencia, lectura del grupo y toma de decisiones constantes.
Si alguna vez terminaste el día pensando
“no hice lo que planeé, pero pasó algo importante”,
no estás solo.
¿Qué podemos aprender de este chisme? ✏️
Que improvisar no es fracasar, es adaptarse.
Que la creatividad docente no siempre es espectacular, a veces solo es funcional.
Que escuchar al grupo también es enseñar.
Que no todo lo valioso cabe en una planeación escrita.
Algunas ideas reales (no mágicas):
Ten siempre 2 o 3 actividades “comodín” que no requieran materiales.
Prioriza sentido antes que formato.
Después de improvisar, anota qué funcionó: eso también es planeación… solo que posterior.
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Preguntas para ti, colega 🤔
¿Te ha tocado improvisar una clase completa sin haberlo planeado?
¿Qué sentiste en ese momento: estrés, culpa, alivio?
¿Qué estrategias improvisadas te han salvado más de una vez?
Cierre acompañado 🤍
La clase improvisada no es señal de desorden,
es señal de presencia docente.
De estar ahí, leyendo el momento, sosteniendo al grupo
y sosteniéndote a ti mismo.
Porque en la escuela real,
a veces no toca seguir el plan…
toca sacar magia.
Y eso, aunque nadie lo diga,
también es pedagogía.

