Vocación vs realidad: cuando amar enseñar no alcanza para pagar la renta
Si eres docente, seguro ya sabes de qué hablo…
Esto no sale en la planeación, pero pasa.
Estás dando clase, explicando con todo el corazón, aguantando el “ya siéntese profe”, resolviendo conflictos, cargando mochilas emocionales ajenas… y de pronto recuerdas que mañana vence el recibo de la luz.
Dime si no te ha pasado que amas enseñar, pero la vida no se paga con vocación.
El chisme contado (sin juzgar)
El chisme no es nuevo.
Nos lo contaron desde la Normal, pero bajito, casi como advertencia que nadie quiere escuchar:
“Esto lo haces por amor, no por dinero”.
Y ahí estamos. Preparando clases para ayer, comprando material de nuestro bolsillo, contestando mensajes fuera de horario, diciendo que sí a todo porque “así es la vocación”.
Mientras tanto, el sueldo llega puntual… pero insuficiente.
Y uno aprende a hacer malabares: otro trabajo, vender algo, dar asesorías, aguantar.
No es que no amemos enseñar.
Es que amar enseñar no paga las cuentas.
Análisis pedagógico y emocional
Aquí se cruzan dos cosas pesadas:
La expectativa social del docente sacrificado
Nos enseñaron que el buen maestro aguanta, no se queja y siempre puede más.
Que si te duele, es porque “no tienes vocación”.
Eso genera culpa: culpa por cansarte, por querer más, por pensar en ti.
La realidad material
La vocación no vive en el vacío. Vive en contextos económicos reales.
Cuando no alcanza, el desgaste emocional se multiplica: estrés, frustración, enojo silencioso.
Esta tensión es común porque el sistema romantiza el sacrificio y silencia el límite.
Y lo que no se dice… se carga.
Si te has sentido dividido entre lo que amas y lo que necesitas, no estás fallando.
Estás reaccionando a una realidad injusta.
¿Qué podemos aprender de este chisme?
Sin discursos bonitos ni frases de taza motivacional:
La vocación no se pierde por cansarte. Se desgasta cuando no se cuida.
Poner límites no te hace menos docente. Te hace sostenible.
Hablar de dinero no es falta de amor a la enseñanza. Es supervivencia.
Buscar mejores condiciones no es traición. Es dignidad profesional.
No hay soluciones mágicas, pero sí algo poderoso: dejar de sentir culpa por lo que es estructural.
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Preguntas para el lector
¿Alguna vez te has sentido culpable por quejarte de tu trabajo docente?
¿Qué parte de la “vocación” te ha pesado más últimamente?
¿Qué te hubiera gustado que te explicaran en la Normal sobre esta realidad?
Cierre acompañado
Amar enseñar es real.
El cansancio también.
Ambas cosas pueden existir al mismo tiempo.
Aquí no venimos a romantizar el aguante ni a decirte que “así es esto”.
Venimos a decirte que no estás solo, que no estás exagerando y que sentirte así no te quita lo docente.
A veces la vocación necesita menos aplausos… y más condiciones dignas.
Y mientras tanto, aquí seguimos: chismeando, pensando y acompañándonos. 🤍

