Cómo está cambiando nuestra atención: un recorrido por la cultura digital, el aprendizaje y la escuela
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Vivimos rodeados de tecnologías, plataformas, mensajes, contenidos e interrupciones que solicitan nuestra atención. Este dossier busca comprender qué significa enseñar y aprender dentro de esas nuevas condiciones culturales, antes de reducir el problema a la distracción de los estudiantes.
Actualizado 15/09/26
Cuando hablamos sobre atención en la escuela, solemos comenzar por aquello que resulta más visible: estudiantes que revisan constantemente el celular, dificultades para permanecer en una actividad, conversaciones que interrumpen una explicación, lecturas que parecen demasiado largas o la sensación de que necesitamos cambiar continuamente de dinámica para evitar que el grupo se desconecte. Son experiencias reales y forman parte de la vida cotidiana de muchos docentes.
Sin embargo, hay algo extraño en explicar todo esto únicamente como un problema de los estudiantes. Nosotros también vivimos entre notificaciones, correos, grupos de mensajería, plataformas, pendientes administrativos y múltiples actividades que reclaman nuestra atención. Podemos comenzar el día respondiendo un mensaje y terminar varios minutos después haciendo algo completamente distinto, sin recordar con claridad qué habíamos comenzado. La dificultad para permanecer parece extenderse mucho más allá del salón de clases.
Por eso, en Chisme Pedagógico queremos dedicar este dossier a una pregunta que parece educativa, pero que rápidamente nos obliga a mirar hacia la cultura contemporánea:
¿Cómo aprendemos en una cultura diseñada para capturar nuestra atención?
No buscamos demostrar que los celulares están destruyendo la educación, idealizar un pasado en el que supuestamente todos podían concentrarse durante horas ni encontrar una colección de técnicas para conseguir que los estudiantes nos miren. Queremos comprender qué está ocurriendo con nuestra relación con la atención, el tiempo, la tecnología, la lectura y el aprendizaje, y preguntarnos qué implicaciones puede tener todo esto para la escuela que estamos construyendo.
Este dossier irá creciendo conforme avance la investigación. Algunos textos ya están disponibles; otros aparecerán durante los próximos meses. Puedes comenzar por la entrada general o recorrer las preguntas según aquello que más se acerque a tu propia experiencia.
Para comenzar: ¿qué está pasando con nuestra atención?
El punto de partida del dossier es una inquietud que muchos docentes reconocemos: parece que cada vez cuesta más sostener la atención. Pero antes de preguntarnos cómo recuperarla, quizá necesitamos comprender las condiciones dentro de las cuales estamos intentando prestar atención.
🎥 Video: ¿Qué está pasando con nuestra atención?
En el video que abre este dossier partimos de una escena cotidiana: pedimos a nuestros estudiantes que se concentren mientras nosotros mismos trabajamos entre mensajes, correos, interrupciones y solicitudes permanentes. Desde ahí exploramos conceptos como economía de la atención, ecología de la atención, interrupciones y aceleración social para comenzar a mirar el problema más allá del estudiante distraído.
La pregunta que queda abierta es incómoda pero necesaria: si nuestra atención se encuentra permanentemente solicitada por plataformas, tecnologías, responsabilidades y otras personas, ¿la escuela debería aprender a competir mejor por ella o podría convertirse en uno de los pocos espacios donde no todo tenga que competir por nuestra atención?
→ Ver el video: La economía de la atención: por qué cada vez nos cuesta más concentrarnos.
📖 Artículo de apertura: Atención, aprendizaje y cultura digital
El artículo que acompaña al video amplía esta conversación y establece el mapa conceptual desde el cual avanzará el dossier. La atención aparece aquí no solamente como una capacidad individual, sino como un proceso que ocurre dentro de ambientes sociales, tecnológicos, institucionales y culturales que participan en aquello a lo que atendemos y en las condiciones bajo las cuales intentamos hacerlo.
A partir de aquí comienza nuestro recorrido.
Movimiento 1. Dejar de mirar solamente al estudiante
Durante mucho tiempo hemos formulado el problema desde una frase aparentemente sencilla: “los estudiantes no ponen atención”. La frase describe una experiencia que muchos docentes reconocen, pero todavía necesitamos preguntarnos si realmente la explica.
El primer movimiento de este dossier consiste precisamente en ampliar el campo de observación. En lugar de mirar exclusivamente al estudiante que se distrae, queremos observar también las plataformas que solicitan su atención, las tecnologías que atraviesan su vida cotidiana, las interrupciones que organizan nuestras jornadas, las exigencias de disponibilidad permanente y las condiciones culturales dentro de las cuales todos intentamos concentrarnos. La pregunta deja de ser solamente qué ocurre dentro de una persona y comienza a incluir el ambiente en el que esa persona intenta atender.
¿Por qué todo parece competir por nuestra atención?
Cada notificación, video, mensaje, anuncio, aplicación o contenido puede parecer insignificante cuando lo observamos de manera aislada. Sin embargo, juntos forman parte de ambientes en los que múltiples actores intentan conseguir algo limitado: nuestro tiempo y nuestra atención.
Este artículo explorará la economía de la atención y la ecología de la atención para comprender por qué la experiencia contemporánea de estar constantemente solicitados no puede reducirse únicamente a una cuestión de voluntad o autocontrol.
Categoría: Cultura que entra a la escuela.
Detrás de la conversación: James Williams y Yves Citton.
¿Por qué cuesta tanto volver a concentrarnos después de una interrupción?
Una notificación puede durar apenas unos segundos. Una pregunta de un compañero también. Revisar rápidamente un mensaje parece una acción mínima. Pero interrumpir una actividad y regresar a ella implica reorganizar nuestra atención, recuperar información y reconstruir aquello que estábamos haciendo.
Esta pieza observará las interrupciones y el cambio constante de tareas no solamente desde la experiencia de los estudiantes, sino también desde la jornada docente. Porque enseñar entre mensajes, solicitudes, plataformas y pendientes también significa trabajar dentro de condiciones de atención fragmentada.
Categoría: Cultura que entra a la escuela.
Detrás de la conversación: Gloria Mark y la investigación sobre interrupciones, cambio de tareas y atención fragmentada.
¿Por qué sentimos que hacemos muchas cosas pero no terminamos de estar en ninguna?
Hay días en los que respondemos mensajes, revisamos trabajos, abrimos documentos, atendemos reuniones, contestamos correos y resolvemos pendientes durante horas. Al terminar, podemos sentir que estuvimos ocupados todo el tiempo y, al mismo tiempo, que nunca logramos permanecer verdaderamente en una sola actividad.
Esta experiencia permite conectar la atención con algo más amplio: nuestras formas contemporáneas de organizar el trabajo y el tiempo. La fragmentación no ocurre únicamente frente a una pantalla; también puede formar parte de culturas laborales e institucionales basadas en disponibilidad permanente, simultaneidad y urgencia.
Categoría: Cultura que entra a la escuela.
Detrás de la conversación: Gloria Mark, Judy Wajcman y Hartmut Rosa.
Movimiento 2. Cuestionar lo que creemos saber sobre la atención
Después de observar el ambiente, necesitamos regresar a algunas de las frases que utilizamos para explicar lo que ocurre en la escuela. “No tienen atención”, “todo les aburre”, “ya no leen” o “para el videojuego sí pueden concentrarse” contienen observaciones que merecen ser tomadas en serio, pero también interpretaciones sobre cómo creemos que funciona la atención.
Quizá una parte del problema consiste en imaginar la atención como una capacidad única que una persona posee en mayor o menor cantidad. Este segundo movimiento explora una posibilidad diferente: que existan distintas maneras de distribuir, sostener y orientar nuestra atención según la actividad, el ambiente, los estímulos disponibles, los hábitos que hemos construido y el significado que otorgamos a aquello que hacemos.
¿Por qué algunos estudiantes pueden pasar horas en un videojuego pero no sostener una lectura?
La contradicción parece evidente: un estudiante que difícilmente permanece algunos minutos frente a determinada actividad escolar puede concentrarse durante mucho tiempo en un videojuego, una conversación, un proyecto personal o un contenido que le interesa. ¿Significa eso que tiene o que no tiene capacidad de atención?
Esta pregunta permitirá explorar diferentes formas de atender y cuestionar la idea de que existe una única atención válida. Más que diagnosticar rápidamente una incapacidad, queremos preguntarnos qué características de determinadas experiencias permiten sostener, cambiar o distribuir la atención de maneras diferentes.
Categoría: Lo que dicen de la educación.
Detrás de la conversación: N. Katherine Hayles y Yves Citton.
¿Estamos perdiendo la capacidad de leer textos largos?
“Los jóvenes ya no leen” es una de esas frases que aparecen periódicamente en las conversaciones educativas. Sin embargo, vivimos también en una época en la que probablemente leemos durante buena parte del día: mensajes, publicaciones, comentarios, noticias, subtítulos, documentos, búsquedas y conversaciones digitales forman parte de nuestra experiencia cotidiana.
Quizá la pregunta no sea solamente cuánto leemos, sino cómo estamos leyendo. Este artículo explorará qué ocurre con la lectura cuando pasamos continuamente entre textos, imágenes, enlaces, videos y notificaciones, y qué diferencias existen entre recorrer información y permanecer el tiempo suficiente dentro de un texto para construir una comprensión más profunda.
Categoría: Lo que dicen de la educación.
Detrás de la conversación: N. Katherine Hayles y la investigación contemporánea sobre lectura y ambientes digitales.
¿Por qué cada vez parece más difícil aburrirnos?
Esperar el autobús, permanecer algunos minutos en una fila o simplemente no tener nada que hacer eran experiencias cotidianas que podían dejarnos frente al aburrimiento. Hoy llevamos en el bolsillo una puerta casi permanente hacia conversaciones, música, videos, noticias, juegos y contenidos capaces de ocupar esos pequeños espacios vacíos.
Esto no significa que la tecnología haya eliminado el aburrimiento ni que aburrirse sea automáticamente bueno para aprender. La pregunta es más interesante: ¿qué cambia en nuestra relación con la atención cuando podemos responder inmediatamente a casi cualquier momento de vacío con un nuevo estímulo? Y, sobre todo, ¿qué significa esto para una escuela donde no todo aprendizaje puede ni necesita producir estimulación constante?
Categoría: Cultura que entra a la escuela.
Detrás de la conversación: Yves Citton y Bernard Stiegler, junto con investigación específica sobre aburrimiento, atención y experiencia digital.
→ Próximamente.
Movimiento 3. Comprender el tiempo en el que intentamos aprender
Atender no solamente significa seleccionar algo entre múltiples estímulos. También significa permanecer. Escuchar una explicación, comprender un argumento, leer una novela, aprender a resolver un problema, escribir, investigar o sostener una conversación requieren diferentes formas de duración. Por eso hablar de atención inevitablemente termina llevándonos hacia otra cuestión: nuestra relación con el tiempo.
Vivimos rodeados de tecnologías creadas para ahorrar tiempo y acelerar procesos y, sin embargo, es frecuente experimentar la sensación de que nunca tenemos suficiente. La velocidad tecnológica puede convivir con agendas saturadas, respuestas inmediatas y expectativas crecientes de disponibilidad. La pregunta educativa aparece cuando recordamos que muchos aprendizajes continúan necesitando algo difícil de acelerar: tiempo.
¿Por qué todo tiene que ser rápido, incluso aprender?
Videos más cortos, respuestas inmediatas, entregas rápidas, mensajes breves y resultados visibles forman parte de una cultura donde esperar puede comenzar a sentirse como una anomalía. Pero comprender no siempre ocurre a la misma velocidad con la que recibimos información.
Este artículo explorará la tensión entre tiempo cultural y tiempo pedagógico. No para defender que todo aprendizaje deba ser lento, sino para preguntarnos qué procesos educativos pierden algo importante cuando intentamos acelerarlos continuamente y qué sucede cuando la lógica de la inmediatez comienza a convertirse también en una expectativa sobre la enseñanza.
Categoría: Cultura que entra a la escuela.
Detrás de la conversación: Hartmut Rosa y Judy Wajcman.
→ Próximamente.
Movimiento 4. Preguntarnos qué estamos haciendo con la escuela
Hasta aquí hemos intentado resistir una tentación habitual en educación: convertir inmediatamente cualquier diagnóstico en una lista de estrategias. Si existe un problema de atención, buscamos técnicas para captar atención; si los estudiantes se aburren, buscamos actividades más entretenidas; si las plataformas producen estímulos muy eficaces, intentamos incorporar algunos de sus mecanismos al aula.
Pero después de comprender mejor las condiciones culturales de la atención aparece otra pregunta. Quizá la responsabilidad educativa no consista solamente en conseguir que alguien nos preste atención, sino también en preguntarnos qué maneras de atender estamos ayudando a formar. En este último movimiento, la mirada deja de dirigirse principalmente hacia aquello que la cultura está haciendo con la escuela y comienza a preguntarse qué escuela estamos construyendo como respuesta.
¿Una buena clase tiene que entretener todo el tiempo?
“Hay que engancharlos”, “la clase tiene que ser dinámica”, “si se aburren, los perdiste”. Estas expresiones forman parte de muchos discursos contemporáneos sobre innovación, motivación y enseñanza. Algunas señalan problemas pedagógicos reales: una clase incomprensible o desconectada de sus estudiantes difícilmente producirá experiencias educativas significativas. Pero también podemos preguntarnos hasta dónde debería llegar la obligación de capturar permanentemente la atención.
Este artículo analizará una tensión incómoda: cuando intentamos competir con los estímulos del entorno digital, ¿podemos terminar trasladando al aula algunas de las mismas lógicas de captura de atención que pretendíamos cuestionar? La alternativa no es reivindicar el aburrimiento como virtud pedagógica, sino distinguir entre capturar la atención y ayudar a una persona a aprender a orientarla.
Categoría: Lo que dicen de la educación.
Detrás de la conversación: James Williams, Yves Citton y Bernard Stiegler.
→ Próximamente.
¿La escuela debería competir con TikTok?
La comparación aparece con frecuencia: un docente tiene que competir por la atención de sus estudiantes contra plataformas construidas por equipos especializados en diseño, datos, recomendación algorítmica y experiencia de usuario. Si aceptamos esa comparación, parece lógico concluir que la escuela debería volverse más rápida, visual, interactiva y estimulante.
Pero quizá estamos formulando mal la competencia. Este artículo preguntará si la escuela necesita vencer a las plataformas en su propio terreno o si una de sus posibilidades educativas consiste precisamente en ofrecer experiencias que respondan a otras temporalidades: permanecer frente a una pregunta, escuchar a otra persona, leer algo difícil, observar con cuidado, equivocarse, volver a intentar y descubrir que no todo lo valioso tiene que producir una recompensa inmediata.
Categoría: La escuela que estamos construyendo.
Detrás de la conversación: Bernard Stiegler, Yves Citton y Hartmut Rosa.
→ Próximamente.
¿Qué estamos enseñando cuando pedimos atención?
Llegamos así a una pregunta diferente de aquella con la que comenzamos. Ya no se trata solamente de conseguir que un estudiante mire al frente, permanezca en silencio o complete una actividad. Si la atención también se forma mediante prácticas, tecnologías, instituciones y experiencias culturales, entonces la escuela participa en la construcción de determinadas maneras de atender.
Tal vez educar siempre haya implicado, entre muchas otras cosas, aprender a decidir qué merece nuestra atención, cuánto tiempo estamos dispuestos a permanecer frente a algo y qué hacemos cuando aquello que intentamos comprender no produce satisfacción inmediata. Desde esta perspectiva, pedir atención deja de ser únicamente una condición previa para enseñar y se convierte también en una pregunta sobre la formación que ofrecemos.
Categoría: La escuela que estamos construyendo.
Detrás de la conversación: Bernard Stiegler y Yves Citton, con Michel Foucault como soporte para pensar las relaciones entre instituciones, prácticas y formación de sujetos.
→ Próximamente.
¿Qué entendemos por atención en este dossier?
La atención no se comprende aquí únicamente como una capacidad cognitiva localizada dentro del individuo, sino como un proceso que se configura en la relación entre sujetos, prácticas, tecnologías, instituciones, ambientes culturales y condiciones históricas. Esto no elimina la responsabilidad individual ni significa que todas las dificultades de atención tengan una explicación cultural; significa que comprenderlas exige mirar simultáneamente a la persona y al mundo dentro del cual intenta atender.
Esta perspectiva es importante porque cambia también nuestra pregunta educativa. En lugar de limitarnos a pensar “¿cómo hago para que mis estudiantes pongan atención?”, podemos comenzar a preguntarnos qué condiciones estamos construyendo para que determinadas formas de atención sean posibles y qué relaciones con su propia atención queremos que nuestros estudiantes puedan desarrollar.
Un dossier que seguirá creciendo
Atención, aprendizaje y cultura digital no pretende llegar rápidamente a una respuesta definitiva. Cada artículo abrirá una parte del problema y, al mismo tiempo, se conectará con las demás. Economía de la atención, interrupciones, lectura, aburrimiento, aceleración, plataformas y escuela no son temas aislados: son distintas entradas para observar una transformación cultural que atraviesa nuestra manera de vivir, trabajar, enseñar y aprender.
Por eso esta página también irá cambiando. Conforme publiquemos nuevos videos, artículos y conversaciones, los iremos incorporando al recorrido. La intención es que el dossier pueda leerse tanto de principio a fin como desde una pregunta particular que haya comenzado a inquietarte en tu propia experiencia educativa.
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Preguntas para acompañar el recorrido
Mientras avanzamos, vale la pena mantener algunas preguntas abiertas: ¿cuándo comenzamos a sentir que nuestra atención estaba más fragmentada?, ¿qué experiencias todavía nos permiten permanecer profundamente concentrados?, ¿qué diferencias existen entre captar nuestra atención y ayudarnos a orientarla?, ¿qué formas de atención favorecen las prácticas escolares que hemos construido?, ¿qué perdemos cuando intentamos acelerar procesos que necesitan duración?, ¿y qué podría ofrecer la escuela en una cultura donde tantas cosas compiten permanentemente por nuestro tiempo y nuestra mirada?
Estas preguntas no buscan producir inmediatamente una estrategia didáctica. Su función es ayudarnos a observar con mayor precisión aquello que muchas veces nombramos demasiado rápido como distracción, desinterés o falta de motivación.
Reflexión final
Tal vez una de las dificultades para comprender la atención contemporánea sea que intentamos localizar dentro de las personas algo que también está ocurriendo entre ellas y el mundo que habitan. Prestamos atención desde un cuerpo, una historia y unas capacidades particulares, pero también desde dispositivos, horarios, instituciones, relaciones, plataformas, expectativas y culturas que participan continuamente en la organización de nuestra experiencia.
Mirar el problema desde esta complejidad no significa negar que existan estudiantes distraídos ni renunciar a la responsabilidad pedagógica de construir condiciones para aprender. Significa reconocer que la escuela no se encuentra fuera de las transformaciones culturales que intenta comprender. También nosotros habitamos este tiempo acelerado, también nuestra atención es solicitada y también estamos aprendiendo a relacionarnos con tecnologías que cambian más rápido que muchas de nuestras explicaciones sobre ellas.
Quizá, entonces, la pregunta con la que termine este dossier no sea cómo recuperar una forma de atención que supuestamente tuvimos alguna vez. Puede ser una pregunta más educativa y, al mismo tiempo, más difícil:
¿Qué maneras de atender queremos aprender a construir juntos?
Ese es el recorrido que iremos construyendo en Chisme Pedagógico: comprender lo que está entrando a la escuela, interrogar lo que decimos sobre ello y preguntarnos qué escuela estamos construyendo en respuesta.





