¿Cómo crecen las nuevas generaciones? Lo que cambió en la adolescencia actual

Las nuevas generaciones no crecieron haciendo cosas completamente distintas; crecieron respondiendo las mismas necesidades humanas en un mundo cuyas formas de relacionarse, construir identidad y participar en la vida social cambiaron profundamente. Comprender ese contexto es el primer paso para comprender también lo que ocurre hoy en la escuela.

Si eres docente, probablemente has escuchado frases como estas:

“Los estudiantes ya no son como antes.”

“Esta generación es muy diferente.”

“Todo gira alrededor del celular.”

En muchas escuelas estas afirmaciones aparecen casi como una explicación automática para comprender lo que ocurre con los adolescentes. Sin embargo, antes de preguntarnos qué les pasa a las nuevas generaciones, quizá conviene detenernos en una pregunta distinta: ¿cómo están creciendo?

Durante mucho tiempo hemos observado a los adolescentes comparándolos con quienes fuimos nosotros. Pero esa comparación suele dejar fuera algo fundamental: las personas no crecen únicamente por su edad, sino por el contexto histórico, cultural y social que les toca habitar.

Los adolescentes de hoy siguen enfrentando las mismas preguntas que han acompañado a todas las generaciones:

¿Quién soy?

¿Dónde pertenezco?

¿Quiénes son mis amigos?

¿Cómo quiero que me vean los demás?

¿Qué lugar ocupo dentro del grupo?

Lo que cambió no fueron esas preguntas. Lo que cambió fue el mundo donde intentan responderlas.

Comprender a las nuevas generaciones no consiste en descubrir qué tienen de diferente, sino en comprender las condiciones culturales en las que hoy construyen su vida.


¿Qué significa crecer hoy?

Crecer hoy significa construir la identidad, las relaciones y el sentido de pertenencia en un entorno donde la vida cotidiana ocurre simultáneamente en espacios físicos y digitales, ampliando las posibilidades de interacción, visibilidad y participación social.

Durante buena parte del siglo XX, los principales espacios de socialización eran relativamente claros: la familia, la escuela, el barrio, los grupos deportivos, la iglesia o los amigos cercanos.

En esos espacios los adolescentes aprendían poco a poco cómo relacionarse con otras personas, cómo resolver conflictos, cómo integrarse a un grupo y cómo construir una imagen de sí mismos.

Hoy esos espacios siguen existiendo.

Pero ya no son los únicos.

Las plataformas digitales, las redes sociales, los videojuegos en línea, las comunidades virtuales y los sistemas de mensajería también forman parte de la experiencia cotidiana de millones de adolescentes. No sustituyen completamente la vida presencial, pero sí amplían el número de escenarios donde ocurre la socialización. Esta transformación ha cambiado la manera en que los jóvenes se encuentran, se expresan, buscan reconocimiento y participan en la vida colectiva.

Por eso, cuando observamos a los estudiantes únicamente desde el salón de clases, solo estamos viendo una parte de la historia.


La adolescencia siempre ha sido una búsqueda de identidad

Existe una idea que atraviesa buena parte de la sociología y que sigue siendo profundamente vigente: las personas construimos quiénes somos en relación con los demás.

No nacemos con una identidad completamente definida.

La vamos construyendo a partir de nuestras interacciones, de las expectativas de otros, de las experiencias compartidas y de la manera en que aprendemos a presentarnos en distintos contextos sociales. Goffman explica este proceso utilizando la metáfora del escenario: en la vida cotidiana nos presentamos continuamente frente a otras personas, interpretando distintos papeles según la situación y tratando de construir determinadas impresiones sobre quiénes somos.

La adolescencia representa uno de los momentos donde este proceso adquiere mayor intensidad.

Los adolescentes experimentan, prueban formas de vestir, maneras de hablar, intereses, amistades y pertenencias. No porque sean inestables, sino porque están intentando responder una pregunta profundamente humana: ¿quién soy frente a los demás?

Esa necesidad no apareció con TikTok.

Siempre ha estado ahí.


Lo que cambió no fueron los adolescentes

Muchas veces hablamos de las nuevas generaciones como si hubieran desarrollado necesidades completamente distintas.

Sin embargo, la investigación muestra algo diferente.

Los adolescentes siguen buscando amistad, reconocimiento, autonomía, pertenencia y espacios propios para convivir. Lo que cambió fueron las condiciones sociales en las que hoy satisfacen esas necesidades. Como señala Danah Boyd, las tecnologías digitales no crearon el deseo de socializar; simplemente transformaron los espacios donde esa socialización ocurre.

Antes, buena parte de esas experiencias sucedían en el parque, el barrio, la cancha o el centro comercial.

Hoy también suceden en Instagram, TikTok, Discord, WhatsApp, videojuegos en línea o cualquier plataforma que permita sostener vínculos con otras personas.

La tecnología no eliminó la necesidad de pertenecer.

Cambió los escenarios donde esa necesidad se vive.


Del grupo de amigos a los públicos en red

Durante mucho tiempo pensamos que las relaciones sociales estaban limitadas a los grupos con los que convivíamos físicamente.

Sin embargo, las tecnologías digitales hicieron posible algo distinto.

Hoy un adolescente puede formar parte de múltiples comunidades al mismo tiempo: su grupo escolar, un equipo deportivo, un fandom internacional, una comunidad de videojuegos, un grupo de dibujo digital o una red de personas que comparten un interés muy específico.

Estos espacios, que Danah Boyd denomina públicos en red, no son simplemente redes sociales. Son nuevos entornos donde las personas se encuentran, conversan, producen contenido, construyen reputación y desarrollan formas de pertenencia. Su arquitectura modifica la circulación de la información y también las formas en que las personas interactúan entre sí.

Comprender estos públicos resulta fundamental para entender por qué la experiencia adolescente actual no puede explicarse únicamente observando lo que ocurre dentro del aula.

En el siguiente artículo profundizaremos precisamente en esta idea: ¿Qué son los públicos en red y por qué ayudan a entender a la generación Z?


La escuela ya no es el único lugar donde se aprende a ser

Durante mucho tiempo la escuela fue uno de los principales espacios donde los estudiantes construían amistades, aprendían normas de convivencia y desarrollaban buena parte de su identidad social.

Hoy continúa siendo un espacio fundamental.

Pero ya no está sola.

Muchos procesos que antes ocurrían casi exclusivamente dentro de la escuela ahora también suceden en plataformas digitales que permanecen activas las veinticuatro horas del día.

Las conversaciones no terminan cuando acaba la jornada escolar.

Los conflictos tampoco.

Las amistades continúan.

Las formas de reconocimiento también.

La escuela comparte hoy la construcción de la experiencia adolescente con otros espacios culturales que operan bajo lógicas distintas.

Comprender esto no significa perder importancia como docentes.

Significa comprender mejor el contexto donde nuestros estudiantes están creciendo.


Lo importante no son las nuevas generaciones

Quizá la pregunta más interesante no sea si las nuevas generaciones son mejores o peores que las anteriores.

Tampoco si pasan demasiado tiempo frente a una pantalla.

La verdadera pregunta es otra.

¿Qué nos revela esta transformación sobre la forma en que hoy las personas construyen relaciones, identidad y sentido de pertenencia?

Cuando cambiamos la pregunta, también cambia nuestra mirada sobre la educación.

Dejamos de observar únicamente comportamientos individuales y comenzamos a reconocer procesos culturales mucho más amplios.

Los estudiantes dejan de aparecer como el problema.

Empiezan a mostrarnos el mundo que están aprendiendo a habitar.

Y quizá ese sea uno de los mayores desafíos para la educación contemporánea: comprender que el aula también es un lugar donde convergen distintas maneras de crecer, de relacionarse y de construir quiénes somos.

Antes de preguntarnos cómo enseñar mejor a las nuevas generaciones, quizá necesitamos comprender en qué mundo están creciendo.

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Preguntas para pensar

  • ¿Qué cambios culturales están transformando hoy la experiencia de crecer más allá de la escuela?
  • ¿Qué aspectos de la vida de nuestros estudiantes permanecen invisibles cuando solo observamos lo que ocurre dentro del aula?
  • ¿Cómo cambiaría nuestra manera de interpretar a las nuevas generaciones si dejáramos de compararlas con las anteriores y comenzáramos a comprender las condiciones históricas en las que están construyendo su identidad?

Reflexión final

Las nuevas generaciones no crecieron haciendo cosas completamente distintas a las nuestras. Siguen buscando pertenecer, construir amistades, descubrir quiénes son y encontrar un lugar en el mundo. Lo que cambió fueron las condiciones culturales, sociales y tecnológicas en las que hoy viven esas experiencias.

Quizá el desafío para la educación no sea decidir si esta generación es mejor o peor que las anteriores, sino aprender a comprender el mundo en el que está creciendo. Porque muchas de las situaciones que observamos en el aula hablan menos de los estudiantes y más de las profundas transformaciones de la sociedad contemporánea.

Antes de reaccionar ante las nuevas generaciones, vale la pena preguntarnos qué nos están revelando sobre el mundo que hoy habitan y sobre la escuela que estamos construyendo.