¿Cómo los algoritmos transforman la identidad de los adolescentes?
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Los algoritmos no deciden quiénes son los adolescentes, pero sí participan en los contenidos, comunidades y formas de reconocimiento con las que interactúan diariamente. Comprender este papel permite mirar más allá de la tecnología y entender cómo hoy también se construye la identidad.
Introducción
Cuando hablamos de algoritmos, normalmente pensamos en algo técnico.
Una fórmula matemática.
Un sistema que organiza información.
Una herramienta que decide qué videos aparecen primero en TikTok, Instagram o YouTube.
Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que los algoritmos también participan en la manera en que las personas descubren intereses, encuentran comunidades y construyen una parte de su experiencia cotidiana.
Esto ha llevado a que muchas explicaciones sobre las nuevas generaciones afirmen que “los algoritmos están moldeando a los adolescentes”.
Pero esa idea necesita matices.
Los algoritmos no crean la identidad de los jóvenes.
Tampoco determinan completamente sus decisiones.
Lo que sí hacen es influir en los escenarios donde hoy construyen relaciones, encuentran reconocimiento y exploran quiénes quieren ser.
Comprender el papel de los algoritmos no significa atribuirles todo el poder, sino reconocer cómo participan en un proceso mucho más amplio: la construcción de la identidad en una sociedad profundamente conectada.
¿Qué papel tienen los algoritmos en la identidad?
Los algoritmos son sistemas que organizan, seleccionan y recomiendan información a partir de nuestros comportamientos e intereses. En la vida cotidiana de los adolescentes influyen en los contenidos, comunidades y experiencias con las que interactúan, participando indirectamente en los procesos de construcción de identidad y pertenencia.
Es importante hacer una distinción.
Los algoritmos no le dicen a un adolescente quién debe ser.
Pero sí condicionan parte de aquello que ve, escucha, descubre y con lo que interactúa todos los días.
Eso significa que participan en la construcción del entorno cultural donde la identidad se desarrolla.
No construyen la identidad.
Construyen parte del escenario donde esa identidad toma forma.
Los algoritmos no crean intereses, los amplifican
Existe la idea de que los algoritmos “controlan” completamente lo que hacemos.
La realidad es mucho más compleja.
Cuando un adolescente comienza a mostrar interés por la astronomía, el dibujo, la música o los videojuegos, las plataformas empiezan a recomendar contenidos relacionados con esos temas.
Poco a poco aparecen nuevas personas.
Nuevas comunidades.
Nuevas conversaciones.
Nuevas formas de participación.
El algoritmo no inventó ese interés.
Pero sí contribuyó a expandir el universo alrededor de él.
Por eso resulta más adecuado pensar que los algoritmos amplifican procesos sociales que ya existían, en lugar de entenderlos como máquinas que fabrican identidades desde cero.
La identidad también se construye a partir de lo que descubrimos
Toda persona construye su identidad a partir de las experiencias que vive y de las relaciones que establece con otras personas.
Erving Goffman explicaba que la identidad surge en la interacción cotidiana, cuando las personas interpretan quiénes son a partir de las respuestas que reciben de quienes las rodean.
Los algoritmos modifican una parte de esa experiencia porque intervienen en aquello que descubrimos.
Nos presentan nuevos temas.
Nuevos referentes.
Nuevas comunidades.
Nuevas formas de comprender el mundo.
Esto resulta especialmente importante durante la adolescencia, una etapa donde las personas exploran intereses, experimentan distintas formas de expresión y buscan responder quiénes son.
No porque el algoritmo decida esa respuesta.
Sino porque amplía el conjunto de posibilidades entre las cuales cada adolescente construye su propia trayectoria.
Los algoritmos también organizan la pertenencia
Uno de los cambios más importantes de la cultura digital es que hoy muchas comunidades dejan de depender exclusivamente del lugar donde vivimos.
Danah Boyd explica que los públicos en red transforman la manera en que las personas encuentran espacios de interacción y participación social. Las tecnologías digitales reorganizan los encuentros entre personas que comparten intereses, facilitando nuevas formas de comunidad y pertenencia.
En este proceso, los algoritmos desempeñan un papel importante.
No crean las comunidades.
Pero facilitan que las personas las encuentren.
Un adolescente interesado en ciencia puede descubrir rápidamente una comunidad donde ese interés es compartido.
Otro puede encontrar grupos relacionados con el arte, la programación, la literatura o cualquier otra afición.
En muchos casos, el algoritmo funciona como un puente que acerca personas con intereses similares.
¿Cómo aparece esto dentro de la escuela?
Aunque los algoritmos operan principalmente fuera del aula, sus efectos llegan todos los días a la escuela.
Los estudiantes llegan hablando sobre temas que descubrieron la noche anterior.
Comparten referencias culturales que pocos adultos conocen.
Desarrollan intereses que comenzaron con una recomendación automática.
También aparecen nuevas formas de participación, nuevos lenguajes y nuevas comunidades que terminan formando parte de la convivencia escolar.
Lo que observamos en el salón de clases muchas veces comenzó mucho antes de iniciar la jornada.
Y comprender ese recorrido nos ayuda a interpretar mejor la experiencia de nuestros estudiantes.
¿Qué nos revela esto sobre la educación actual?
Quizá el cambio más importante no sea tecnológico.
Sea cultural.
Por primera vez en la historia, una parte importante de aquello que los adolescentes descubren diariamente está mediada por sistemas capaces de personalizar la información que reciben.
Eso modifica las oportunidades para explorar intereses, construir comunidades y encontrar referentes.
No significa que los jóvenes pierdan su capacidad de decidir.
Significa que las condiciones donde hoy construyen su identidad son distintas a las de generaciones anteriores.
Y esa diferencia también llega al aula.
Lo importante no son los algoritmos
Sería un error terminar este artículo culpando a los algoritmos de todos los cambios que observamos en las nuevas generaciones.
Los algoritmos no sustituyen a la familia.
No reemplazan a la escuela.
No eliminan la capacidad de decidir.
Lo verdaderamente importante es comprender que hoy la identidad se construye en un entorno donde la tecnología también participa organizando parte de nuestras experiencias cotidianas.
El fenómeno no consiste en que los algoritmos controlen a los adolescentes.
Consiste en reconocer que las formas de descubrir el mundo, encontrar comunidades y construir pertenencia cambiaron profundamente.
Y eso transforma también la manera de crecer.
Ejemplos que vemos todos los días
Un estudiante descubre un interés por la física después de que la plataforma comienza a recomendarle videos de divulgación científica.
Una adolescente encuentra una comunidad de ilustradores donde aprende nuevas técnicas y recibe retroalimentación constante.
Otro estudiante comienza a escuchar música de otros países porque el algoritmo le sugirió artistas que nunca había buscado.
Todos estos ejemplos muestran que los algoritmos no solo organizan información.
También participan en los caminos mediante los cuales las personas descubren nuevas posibilidades para construir su identidad.
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Preguntas para pensar
- ¿Cómo influyen los algoritmos en los intereses y comunidades que descubren nuestros estudiantes?
- ¿Qué papel tiene la escuela en un mundo donde gran parte del conocimiento y las recomendaciones llegan de forma personalizada?
- ¿Cómo podemos comprender críticamente la relación entre algoritmos, identidad y educación sin caer en explicaciones simplificadoras?
Reflexión final
Los algoritmos no escriben la historia de vida de los adolescentes, pero sí participan en el escenario donde esa historia comienza a desarrollarse. Comprender este papel implica abandonar tanto el optimismo ingenuo como el miedo tecnológico para observar un fenómeno mucho más complejo.
Quizá el desafío para la educación no sea preguntarse cómo eliminar la influencia de los algoritmos, sino cómo ayudar a las nuevas generaciones a comprender críticamente los entornos donde hoy construyen parte de su identidad.
Antes de culpar a los algoritmos por los cambios que observamos en los adolescentes, quizá conviene preguntarnos qué nos están revelando sobre la manera en que hoy se descubre el mundo, se construyen las comunidades y se aprende a ser uno mismo.
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